La mejor carretera de Rumania, la carretera Transfagarasan
La Transfagarasan, una carretera mucho más impresionante pero poco conocida. Se encuentra en Rumanía, cruzando los Cárpatos de sur a norte, para entrar en la mítica región de Transilvania. Denominada oficialmente Carretera Nacional 7C, se construyó en los años 70 como una ruta estratégica militar, para facilitar el movimiento de tropas a través de los Cárpatos en caso de invasión soviética. Se utilizaron para su construcción 6.000 toneladas de dinamita y costó la vida a no menos de 40 soldados. Atraviesa la zona más alta de esta parte de los Cárpatos, entre los dos picos más altos, el Moldoveanu y el Negoiu, ambos de más de 2.500 metros.
Casi cien kilómetros de curvas y más curvas para superar los 2.000 metros de altura de los Cárpatos. Los primeros cuarenta kilómetros son un auténtico infierno. La ascensión no es nada pronunciada, las curvas son suaves pero continuas, constantes, y que no te dejan descansar. Pero eso no es lo peor. El asfalto -por llamarlo de alguna manera- está plagado de socavones de más de un palmo de profundidad. La carretera iba atraviesa tupidos bosques de abetos hasta llegar al lago Vidraru, lugar bastante concurrido por los lugareños para pasar el domingo. A partir de allí, los bosques comienzan a desaparecer y la carretera serpentea entre los más impresionantes circos montañosos que puedas imaginar. No son los Alpes ni tienen su glamour, pero poco le falta. Las verdes laderas bajan primero bruscamente desde los riscos aún iluminados por los últimos rayos de sol, para después suavizar su caída hasta acariciar la carretera.
El final de la ascensión viene marcado por la entrada en un oscuro túnel (a la postre, el más largo de Rumanía con 884 metros de longitud) y la salida al lado norte de los Cárpatos. Allí, a algo más de 2.000 metros, se abren unas explanadas de tierra y piedras. La carretera te regala una magnífica vista de Transilvania, que se extiende a lo lejos, casi dos mil metros bajo los pies. Para llegar hasta allá abajo, la carretera se vuelve nuevamente sinuosa, dibujando curvas y más curvas que retuercen la carretera sobre sí misma, en un asfalto perfecto. Curvas de diferente radio, proyectadas sin razón aparente, se van sucediendo una tras otra, caprichosas. Tras unos quince o veinte kilómetros, vuelven a aparecer los tupidos bosques de abetos, dándole un toque fantasmagórico a la ya oscura carretera, que va a parar a Cartisoara, puerta de entrada de la inquietante región de Transilvania, morada del conde Drácula.
Me e mareado solo de verla ,jajajajaja
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